La historia inicia en París

La historia del Teatro Arlequín comienza con el encuentro de la francesa Nadia Boudesoque Noblecourt y el mexicano Antonio Haro Oliva.

El coronel Haro Oliva se encontraba como agregado militar en París, en donde Nadia trabajaba para una casa de modas y al mismo tiempo se destacaba como atleta y esgrimista olímpica. Su relación inició y creció durante algunos años en la ciudad francesa, hasta que, por el cargo militar de Antonio, poco después de los Juegos Olímpicos de Berlín 1936, debieron cambiar su residencia a México, en donde se casaron.

A su llegada a nuestro país, Nadia continuó practicando esgrima y participando en los Juegos Olímpicos. Sin embargo, uno de los amigos de la pareja, Víctor Moya, quien en aquel entonces tenía una compañía escénica, le insistió para iniciarse como actriz.

Fue así, que, debutó con el nombre de Nadia Haro Oliva, como parte del elenco de la obra Los de abajo, en 1950.

A partir de ese momento Nadia quedó enamorada del teatro y fue entonces que Antonio Haro Oliva, en un acto de gran amor por su esposa, decidió construir el Teatro Arlequín para ella, en el jardín de su casa. El proyecto lo realizó Julio Prieto, quien también estuvo a cargo de la construcción de los Teatros del IMSS.

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La hora soñada

El 17 de agosto de 1953 se inauguró el Teatro Arlequín, convirtiéndose en parte muy importante de la historia escénica de México.

Su telón se levantó por primera vez con la puesta en escena, La hora soñada. Protagonizada por Nadia Haro Oliva, alcanzó las mil representaciones, algo absolutamente extraordinario y poco visto en el teatro de los años cincuenta.

En el Arlequín se presentaban las famosas comedias de vodevil francés. Cada noche se agotaban las localidades y al finalizar las funciones de obras como Buena para todo (1961), Butaca 47 (1969), La pícara Cocó (1966), Cuándo se casa usted con mi mujer (1966), Bunny (1975) y Pepsi, la cariñosa (1986), el público ovacionaba de pie el trabajo del equipo teatral.

Al término de algunas funciones era común ver a Nadia y Antonio a la salida del teatro agradeciendo a los asistentes su visita. La pareja se dedicó a difundir el arte en todas sus expresiones, pero especialmente a través del teatro, llevando una vida llena de pasión por lo que hacían.

En 1994 inició la temporada de La Dama de Negro, la primera obra de terror en nuestro país, bajo la producción de Antonio Calvo y que, contrario a lo que se pensaba, fue un éxito rotundo. Tanto, que sus presentaciones sólo se han detenido a causa de la pandemia de COVID 19, sin embargo, en el Teatro Arlequín su última noche fue el 21 de junio de 2016, día en el que el teatro cerró sus puertas para dar paso a una nueva etapa.

El fin de una era

El día del estreno de La Dama de Negro, el teatro no contaba con recursos para contratar personal que le diera mantenimiento y limpiara el foro, así que fue el mismo productor de la obra, Antonio Calvo quien limpió butaca por butaca. Cuando Nadia supo esto, tuvo una gran impresión de Calvo y de su entrega por la obra, llevándolos a hacerse grandes amigos.

En 2009, siete años después de la muerte de su esposo Antonio, Nadia le ofreció venderle el teatro a Antonio Calvo quien aceptó y también le compró su casa para ampliar el foro. Luego de cinco años de conflictos legales, finalmente el 15 de enero de 2014, Calvo llamó a su amiga Nadia para informarle que el teatro ya era oficialmente suyo. Ella le deseó suerte a su amigo y le dio el adiós final a su teatro y su casa. Dos días después, el 17 de enero, Nadia murió.

El Teatro Arlequín cerró sus puertas para iniciar la remodelación y ampliación de sus instalaciones y convertirse en un centro cultural con dos espacios escénicos y reabrir como el Nuevo Teatro Arlequín. Su objetivo era incrementar la oferta teatral para los más de 20 millones de habitantes de la Ciudad de México, ya que en los últimos años se ha registrado un importante decrecimiento de la misma.

Unos meses después de que el foro apagara sus reflectores, se inició la demolición. Se planeaba que la construcción durara dos años, sin embargo, a casi cinco años del cierre, la obra no ha iniciado.

Actualmente el predio de 900 metros cuadrados que abarca la casa de su expropietaria, desde el número 22 de la calle Villalongín, hasta Carlos Finlay, junto al Teatro Benito Juárez, funciona como estacionamiento.

Se sabe que el productor se encontró frente al problema de contar con el lugar, pero no con la inversión de 300 millones de pesos para construir el nuevo centro cultural, así como para adquirir el equipamiento que implica un teatro: luces, mecánica teatral, sonido, etc. Si bien por el momento no se tiene fecha para comenzar la construcción, Antonio Calvo ha asegurado que se concentrará en buscar los apoyos para iniciar el proyecto y reabrir las puertas del que será el nuevo Teatro Arlequín en nuestra colonia Cuauhtémoc.

Si quieres saber más sobre la colonia Cuauhtémoc y su historia visita nuestra nota sobre el Paseo de la Reforma: https://www.residentescuauhtemoc.mx/Paseo-de-la-Reforma/